lunes, 5 de mayo de 2008

Eco en las palabras

En la medida que mis palabras tengan eco y se devuelvan hacia mí, yo seguiré probando otros enfoques sobre el tema. Agotar el tema es un pretexto para repetir la misma forma de ver los asuntos. Si no me planteo nuevos enfoques seré un repetidor.

No es mala la repetición. Pero es necesario encontrar ese eco fiel, para que la repetición se efectúe con eficacia. Lo otro sería lanzar al viento las palabras y dejarlas que vuelen hasta los archivos de las palabras vacías.

Es mejor el vacío de palabras, en ese caso. Por ello continuaremos sobre el tema del vacío en esta nueva propuesta de RealizArte. Lo combinaremos con algunas páginas vivas aún sobre un tema que despierta mi interés –y probablemente el tuyo– como es el desarrollo de la intuición. Esta capacidad nos sirve de brújula en situaciones donde los indicios son oscuros y las apariencias confusas.

El menú está servido. Solo falta tu apetito. Y tu palabra. Ese eco que me dirá si lo que dije fue adecuado para que lo utilizaras en tu proceso de crecimiento como persona.


Un vacío necesario


José Gregorio Bello Porras

Nos asomamos a un precipicio y el vértigo nos ataca sin aviso. Un vacío surge en el estómago y todo nuestro cuerpo reacciona tratando de reacomodar la situación, dando un paso atrás, poniéndonos a resguardo.

Esa sensación de vacío se repite en otras ocasiones donde el barranco es afectivo. Pareciera que parte de nuestras entrañas hubiesen desaparecido súbitamente. En su lugar asoma un agujero, una ventana, un boquete como horadado por la bala de un cañón antiguo. Un espacio lleno de la nada.

La primera reacción es llenar esa nada con oscuros pensamientos y emociones. Dirían los hipocráticos que la bilis negra invade esos espacios con rapidez, junto a recuerdos repetidos y a recriminaciones que van ennegreciendo el humor. Ojala que fuese humor negro lo que produjera, pero es negro humor solamente. Este negro humor tiene la propiedad de arrastrar al sujeto que lo produce al centro mismo de los infiernos: la depresión.

En ocasiones el individuo es de voluntad férrea. Lucha. Se remueve. No se deja dominar por la melancolía. Puede caer entonces en la tentación de la ira. Coloca la culpa en la otra persona, en el mundo, en las circunstancias, en quien se atraviese. Y el vacío se llena de ácido que le quema las entrañas. El afectado se convierte en dragón apagado. Sólo humo sale de sus fauces. Se ha consumido a sí mismo.

También existen personas, o aspirantes a serlo, a quienes no parece afectar en lo más mínimo la situación de alejamiento, de pérdida, de vacío. Han decidido no tocar el problema. Evadirlo, como quien se escapa de una mazmorra cerrando los ojos. Sin embargo, la cárcel que le rodea es del tamaño de su mundo y corren como en pesadillas, huyendo del monstruo sin adelantar en lo más mínimo su distancia de él. No se han dado la vuelta ni lo han visto a los ojos para reconocerse en ese monstruo como su propio perseguidor.

Para llenar el vacío de una pérdida, de una separación hay que reconocer ese estado. La pérdida, la emoción y el sentimiento de ese desencuentro, de ese alejamiento, de esa privación. Es lo que generalmente se llama entrar en el duelo.

Luego de aceptar la pérdida y reconocer el vacío, el siguiente paso es adentrase en el estado de vacuidad que nos queda. Tal vez pueda resultar extraño a nuestro comportamiento. Pero el vacío aceptado como tal comenzará a llenarse de uno mismo. Tanto nuestro cuerpo, como nuestra mente y nuestro espíritu van a tratar de resolver esa carencia o ese estado que simula una ausencia.

Si hemos perdido algo, nos queda otra cosa a cambio, si alguien se ha alejado, esa experiencia nos enseña. Este proceso no es fácil, por supuesto, pero es esencial para permitir nuestro reequilibrio como personas.

Incluso podemos ir más allá. Y ensayar con las emociones que pudieron tomarnos desprevenidos, esas que ya revisamos, la melancolía, la ira o la evasión y convertirlas en motorizadotas de nuestro cambio personal.

La melancolía huye como una sombra de quien llora con libertad su pérdida hasta un límite prefijado. Como decía un viejo maestro de psicología: si pierdes una relación, que no pase de tres días tu llanto. Después seca tus lágrimas y continúa tu vida. Mil nuevas oportunidades posibles están en tu camino.

La ira debes expresarla. No rompas tu corazón y tu sistema digestivo. Tres gritos en un sitio tranquilo, donde no corras el riesgo de parecer demente, te librarán de la enorme tensión que supone la rabia y también de una probable úlcera estomacal. Expresa tu ira. No con otra persona sino con el fantasma de lo que perdiste.

Si por el contrario deseas evadirte, hazlo creativamente. Escribe, compón música o realiza una escultura, un dibujo, una pintura. O simplemente lee. Haz que tu energía se encauce. Deja libre a tu ser para que llene el vacío sabiamente.

Si optas por reflexionar sobre el problema, hazlo en silencio. No sigas los dictados de tu discurso mental que puede, engañosamente, llevarte a donde nunca quisieras estar. Crea el silencio oportuno para que el vacío se llene de él. En esos momentos escucha tu corazón, la brisa, los ruidos de la naturaleza. Y comienza a curarte, como quien lame sus heridas.

El vacío es necesario para llenarte de vida y esperanzas nuevamente. Pero deja que sea la vida tu maestra en este difícil arte de aprovechar los instantes creativos de la nada.


El camino de la vida y sus señales


José Gregorio Bello Porras

Una de las imágenes más comunes, por su gran poder evocador, es el de la comparación de la vida humana con un camino. Transcurrimos en un tiempo y recorremos un espacio yendo hacia un punto. Un inicio y un fin parecen marcar ese deambular por la vida. Con mayor o menor velocidad nos movemos por la vía. En ocasiones parece que nos detenemos y hasta extraviamos el rumbo.

La imagen del camino ha sido válida desde la antigüedad. Incluso algunas escuelas de sabiduría denominan su propósito con ese nombre, como el camino.

Los poetas, como intérpretes del alma humana, han recogido la imagen para indicarnos el sentido de nuestra existencia en ese tránsito por el mundo. Uno de los versos más conocidos de Antonio Machado nos denomina caminantes y nos indica que el camino se hace al andar. En esa frase inspirada refiere que día a día construimos la existencia y colaboramos con nuestro esfuerzo en hacer de nuestro mundo lo que es, grande o pequeño, feliz o amargo.

La imagen del camino es válida para ensayar nuestra construcción personal, para intentar una observación de lo que nos enseña la vida en cada una de las vueltas de la tierra.

El camino además, está plantado de señales. Y aunque sea un camino en la arena del desierto o un camino que inauguramos a cada momento, es el mismo camino el que nos indica la dirección que podemos tomar, el que nos enseña el rumbo. Porque ese camino de la vida es un camino particular, una vía que nuestra interioridad construye.

Las señales en el camino nos indican la dirección, nos advierten los peligros, nos facilitan la labor del avance. Las señales del camino nos hablan de un recorrido donde lo más importante es el recorrido mismo, más que el punto de llegada. Porque tal vez no hay un punto final. el camino siempre sigue mientras existamos.

Vamos a intentar juntos la tarea de descifrar las señales que encontramos en el camino. Las señales que nos indican cómo vamos, hacia dónde nos dirigimos, cómo podemos aprovechar mejor el viaje de nuestra existencia.

Toda experiencia es aprovechable

La experiencia es la más copiosa fuente de mensajes para la vida. Es la apropiación del conocimiento. Es el saber que producimos a través de nuestros actos, palabras, reflexiones y sentimientos. Es una síntesis útil para la vida.

Generalmente la experiencia se nos da, una vez que ha pasado la oportunidad de ejercer las acciones que ella misma nos recomienda. La experiencia es un banco de información que luce como aplicable únicamente al futuro. Sin embargo, la experiencia es valiosa por lo que de ella podemos aplicar en este ahora y en cualquier momento. Pero siendo un aprendizaje inmediato, subjetivo y a veces tan sutil, no siempre nos es de una utilidad inmediata. Porque no sabemos lo que poseemos en ese archivo, en ese caudal de recursos, en esa cuenta a nuestro favor.

Tal vez por ello se dice a menudo que la experiencia se obtiene cuando ya no se necesita. Pero esta es una visión muy limitada de los alcances de la experiencia humana. La experiencia siempre será útil para algo. Si queremos que sea útil.

la experiencia es algo más que el recuerdo de algo que nos paso. Es toda una serie de hechos vivos, sensaciones, sentimientos y alternativas de acción. Podemos disparar el uso de la experiencia o dejar que forme parte de una historia intrascendente.

La verdadera experiencia se prueba en el momento que debemos utilizarla como recurso para resolver algo en este ahora.

La experiencia se recicla continuamente con nuevos datos, con aportes novedosos de todas nuestras vías, de nuestros sentidos, de nuestro pensamiento, de nuestro sentir y actuar. Cada vez que aplicamos la enseñanza de la experiencia a nuevos eventos de nuestra vida, fortalecemos, reciclamos nuestra experiencia.

La experiencia te ayuda a distinguir las señales que debes seguir en cada momento de tu vida.

Señales claras, señales oscuras, señales confusas

Las señales que recibes para actuar, para conducirte en la vida no siempre son claras y distintas. Pocas veces son apariciones de seres maravillosos que te dictan la forma de alcanzar el éxito y la fortuna y evitar las desgracias.

Las señales son eso exactamente, señales. Tienen su código, poseen su lenguaje, muchas veces oculto a la lógica usual que utilizas en tu vida diaria. Si esperas mensajes absolutamente claros y traducidos en tu lenguaje cotidiano, dejarás pasar muchas de las señales que pueden iluminar tu vida. Así que tendrás que aprender a descifrar lo que la vida te quiere decir a cada instante.

Las señales sin embargo pueden ser claras. Alguien con experiencia te dice, por ejemplo, que si intentas hacer algo de determinada manera, probablemente, te encontrarás con una situación determinada. Es un mensaje claro, pero de ti dependerá hacerle caso o desestimarlo.

La confusión de los mensajes está en la duda que posees acerca de su validez, más que en su significado. Dudas si aplicar o no lo que te quiere decir.

Existen señales claras e insistentes que te dicen que no debes continuar por determinado camino. Aparecen una y otra vez dificultades y tropiezos. Puedes pretender superar todo tropiezo o aceptar como una señal la dificultad por la que atraviesas. En ese momento debes dejar que hable tu ser interior.

Hay también señales que no son tan claras. En ocasiones, tienes sensaciones que no sabes definir, malestares de los que no conoces su procedencia. Son señales confusas que te toca no sólo interpretar, sino definir su naturaleza.

En ocasiones las señales son sólo referencias vagas. Sabes que son señales pero su contenido está expresado en un lenguaje que puede ser difícil de interpretar. Puede ser el lenguaje de los sueños.

En un sueño pueden aparecer referencias a los actos, a las decisiones que debes tomar. Sin embargo, el lenguaje del sueño es desconocido para la parte de tu ser que permanece en aparente vigilia y trata de ser razonable en sus decisiones. Entonces para identificar la señal debes penetrar en el lenguaje real de los sueños, un lenguaje que se aprende por la práctica constante.

Las señales son de variado tipo. A tu mente se pueden aparecer como claras, oscuras o confusas. Siempre deberás hacer una escogencia para transformarla en algo útil y decidir una acción a través de su interpretación.

Señales de avance, señales de rectificación

Dentro de la clasificación funcional de las señales que aparecen en tu vida, te encontrarás con cierta categoría de señales que una vez descifradas te indican una acción determinada.

Existen señales para el avance en lo que intentas. Cuando el camino luce despejado, por ejemplo, es el momento de avanzar con rapidez. Cuando te sientes con energía suficiente para emprender una obra, es el momento para acometerla con fuerza.

Las señales de avance se reconocen porque te facilitan el ir en una dirección, si todo lo que has hecho para ello está dentro de lo correcto. Las señales de avance también te permiten evaluar los progresos que has alcanzado y tomarlos como impulso a nuevos progresos. Las señales de avance abren las puertas a lo que deseas hacer.

En ocasiones cuando pensamos que todo está resultando demasiado fácil nos aterrorizamos. Pero el que las cosas vayan bien sólo significa eso. Que van bien. Nunca desprecies lo que te da la Providencia. Nunca desprecies lo que tú mismo has facilitado. A veces todo resulta fácil porque debe ser fácil.

Otro tipo de señales, casi el opuesto a la anterior, es la señal de rectificación. Las cosas comienzan a fallar. Los impedimentos se cruzan en tu camino. Y sobrevienen pequeños o grandes fracasos. Son señales. Tómalos como lo que son, señales para la rectificación. Se te está dando una nueva oportunidad de hacer mejor lo que debes hacer. Se te da la oportunidad de reconstruir.

Nunca es demasiado tarde para comenzar algo. Nunca es innecesario reemprender una obra, rectificando sus cimientos. Las señales de rectificación son una oportunidad para que el triunfo sea tuyo.

Del Libro Señales en Tu vida, Ed. Panapo, Caracas, 1997

lunes, 28 de abril de 2008

Soledades y separaciones, cómo afrontarlas

El camino de la realización personal pasa por diversos sitios. Cada quien sigue su camino pero los accidentes geográficos a veces nos unen en la experiencia. La sensación de soledad es uno de esos sentimientos que acompaña al ser humano ante diferentes sucesos de su vida. Es el desierto que nos toca atravesar en ocasiones, creyéndonos totalmente aislados en una vivencia prácticamente universal. En esta entrega de RealizArte, recorremos juntos ese erial desolado descubriendo que tal vez en él haya algún oasis.

La soledad se manifiesta a menudo ante el desencuentro de los individuos. Estos aislamientos son muy frecuentes en las parejas. Y a veces terminan en separaciones. En esta oportunidad nos metemos en medio de un problema de dos personas, tan sólo para sacar cuentas y promediar lo más conveniente, reproduciendo un capítulo titulado Matemática de parejas, del libro, ya agotado, Rupturas Felices.

Y como siempre, esperamos tus valiosos aportes y comentarios. Tus preguntas, acuerdos o desacuerdos. O, al menos, que aproveches la lectura. Y si te gusta la recomiendes a tus amistades.

COMPAÑÍA EN LA SOLEDAD


José Gregorio Bello Porras

Dicen que la soledad no es buena consejera. De lo que se deduce que tampoco es buena compañía. Diríamos más, que es una mala junta. Sin embargo, permíteme discrepar de este pensamiento.

La soledad parece un desierto estéril. Una vasta superficie calentada por el sol, inhóspito para la vida. Sin embargo, raras veces, un desierto no alberga formas de vida adaptadas a esas circunstancias extremas.

En el desierto se agudizan los sentidos de sus habitantes, invisibles a las miradas de los extraños. Y esa forma de ser y de actuar les esconde de cualquier acecho depredador.

En el desierto pulula la vida. Casi heroica, diría uno que no se acostumbra a esas temperaturas y condiciones, pero simple y confortable para quienes hacen de ese espacio su hogar, su reino.

La soledad es así. Un espacio para la supervivencia. Para el desarrollo de los sentidos, para el aparente silencio, para el vacío constructor.

Pueden ser abundantes las causas de ese sentimiento de soledad en un mundo impregnado por las comunicaciones, por la proximidad, por la simultaneidad y la aparente sintonía casi constante de unos con los otros.

Pero vivimos solos en ese desierto de gente de arena. Por muchas razones, causas o motivos.

Existe la soledad en la comunicación imposible. En esos espacios humanos donde no es viable tocar el corazón de la otra persona. Existe la soledad en la separación forzosa o voluntaria entre los seres. Existe la soledad dentro de la muchedumbre, por un tormento no compartido. Existe la soledad en la palabra lanzada al aire sin respuesta, sin retorno aparente.

Pero la soledad no es un impedimento a la vida. Es una oportunidad de vida. Y de comunicación. Con ella nos cambia el interlocutor. Y cobramos conciencia que el primer escucha participante de mis palabras, de mis ideas y sentimientos soy yo mismo.

En la soledad podemos tomar diversas opciones. De destrucción o de construcción. Yo, por lo menos, quiero optar por esta última. Porque en la soledad se crea un vacío. Un vacío necesario para la creación.

La soledad es una matriz que debe ser preñada por la reflexión, por el pensamiento creativo, para producir un verdadero avance en nuestro ser interior.

Sólo la soledad nos acerca a la contemplación de nuestra capacidad de ser personas. Sólo la soledad nos posibilita pasar de individuos inmersos en una masa interconectada, saturada de información, abrumada por el ruido uniforme, a ser personas conscientes de nosotros mismos, de nuestras posibilidades y limitaciones, aceptadas todas por igual, como partes de uno mismo.

En la soledad –parece paradójico– nos acercamos más a nuestros semejantes. Nos damos cuenta que tenemos sus mismas potencialidades y defectos en matices distintos y desarrollados en historias diferentes, por caminos varios, a veces divergentes, pero vías de la misma tierra.

Esta tierra puede ser un desierto. Un yermo vivo y exigente. La soledad nos da la capacidad de ver, de escuchar, de sentir las pequeñas señales en ese espacio; mínimos indicios que marcan la diferencia entre estar vivos y dormir en la masa amorfa cableada, interconectada, bombardeada de información y desalojada de ideas propias.

Tal vez nuestras íngrimas concepciones sean imperfectas pero son la creación de nuestra propia experiencia, de nuestras vivencias recogidas a lo largo de esas arenas movidas por el viento. Expresadas con polvo en los ojos, pero con la mirada firme en el horizonte. Un horizonte que de antemano sabemos inalcanzable pero que por esa condición nos estimula a continuar inevitablemente el recorrido, por el resto del tiempo en esta vida.

Matemática de pareja


José Gregorio Bello Porras

La unión de una pareja resulta algo más que una simple suma. Uno más uno son dos, pero en la pareja es más que dos individuos solos. Hasta llegan a ser uno. En algunos casos.

En las parejas se dan diversos tipos de relación, pues cada una surge de circunstancias específicas. Las necesidades afectivas de los individuos, se pueden canalizar o buscan su satisfacción a través de la conformación de esa unidad característica que es la pareja. Una pareja puede ser un equipo bien integrado o un simple grupo en permanente pelea de dos individuos que intenten imponer sus puntos de vista dentro de un consorcio.

Cuando dos personas deciden vivir juntos no piensan, a menudo, en formar un equipo. Simplemente deciden acompañarse. Pero en este caminar pueden llegar a la conformación afectiva y efectiva de un equipo. En los equipos la norma es la cooperación para el logro de objetivos. Y la libre elección de la permanencia en ese pequeño grupo.

En la pareja, la formación de esa unidad da más fuerza que la simple unión de dos socios. Pero a pesar de esa fuerza que da el acompañarse hacia un mismo objetivo, los integrantes siguen siendo unidades independientes. Cuando surge la dependencia, reina el desequilibrio. Una de las partes debe asumir responsabilidades de la otra parte.

La dependencia se convierte en causa de múltiples malestares. Aunque pueda aparentemente funcionar durante un tiempo. La dependencia va a exigir sumisión. De ese tipo de relación se derivan ganancias secundarias no sanas. Se accede a la sumisión a cambio de afecto o seguridad. Se acepta la dependencia pues ella suple ciertas necesidades materiales o afectivas. Tal vez se pueda vivir en este estado toda la vida. ¡¿Pero qué vida es ésta?!

Cuando buscas compañía en el camino de la vida, manifiestas la necesidad de compartir, afecto, experiencias, trabajos, responsabilidades, alegrías y todo tipo de eventos. Sin embargo, una parte de ti mismo permanece sólo para ti. Y ello es necesario para que conserves tu individualidad. Pues sigues siendo uno o una, a pesar de unirte a otra persona.

Cuando la pareja se disgrega en los objetivos que persigue, empieza a restar fuerzas a la unión. El resultado de esta operación de resta es la eliminación de las unidades. Uno menos uno cero. Por eso cuando una pareja entra en conflicto, se afecta la vida de cada individuo y no sólo la de los momentos en los que comparten el mismo espacio.

Tal vez el más traumático de los procesos de separación o de ruptura sea el de las parejas. Y son dolorosos porque más que la elaboración del duelo por alejarse, lo que sobreviene es un torneo de adjudicación de culpas, cual si fueran bienes habidos en la relación.

Puesto que la unión se baso en un acto de libre elección, en la mayoría de los casos, cada individuo busca colocar las razones del aparente fracaso en uno de los integrantes. A veces el otro, a veces él mismo.

Falla entonces la perspectiva de la responsabilidad. Si existía mutua responsabilidad en la pareja, debe existir mutuo acuerdo en el reparto de esa responsabilidad a la hora de romper.

En ocasiones la ruptura se pospone indefinidamente buscando que se den las circunstancias óptimas para ese momento. Hasta que los miembros de ese pequeño grupo se encuentren preparados para vivir solos. Esta preparación y aquellas circunstancias son a menudo un engaño que se hacen los individuos para no enfrentar lo que creen es duro y doloroso.

Nunca las circunstancias van a ser las óptimas, siempre habrá una mejor posibilidad. Nunca se estará absolutamente preparado para una decisión. Definitivamente, cuando se quiere marchar por un camino que no coincide con el de la pareja, el momento para manifestar ese sentir es ahora. Y la preparación que se ésta que ahora tienes.

Capítulo del libro Rupturas Felices, Panapo, Caracas, 1997.


martes, 22 de abril de 2008

Más sobre el arte de la comunicación

En esta entrega de RealizArte continuamos la reflexión sobre el arte de comunicarnos. Lo hacemos a través de unos aforismos apegados al tema, por lo que los llamamos, para esta ocasión, Aforismos Aforados. Pertenecen a mi libro Instantes de Claridad, donde se hacen acompañar por otros trescientos cincuenta y dos más, que tratan sobre variados asuntos de crecimiento personal.

Nos paseamos igualmente por las artes adivinatorias. Pero siempre en función de nuestro tema central, más que de cualquier uso esotérico. Te invitamos a que adivines como pretexto para que veas, sientas y te digas lo que significa intentar ese acto de pretendida magia en nuestra cotidianidad. Tal vez te enseñemos algo. Pero mejor si aprendes sobre esta forma de entender la adivinación.

Y esperamos, como siempre tu intervención. No solamente leyendo nuestros ensayos y errores –lo que nos agrada enormemente– sino también participando con tus comentarios, sugerencias y aportes.

ADIVINA LO QUE PIENSO


José Gregorio Bello Porras

Vamos a ver, dime, adivina de qué voy a hablarte en esta nota. No me digas que no puedes. Inténtalo. Eso sí, no veas el resto del texto. Eso no se vale. Adivina. Sólo adivina mi pensamiento.

¿Lo hiciste? ¿Lo adivinaste?

Bueno, yo sí te confieso que no puedo adivinar si tú adivinaste el tema de conversación propuesto. Tal vez lo hayas hecho. Tal vez no. Al fin de cuentas el tema es algo de lo que hablamos siempre después de haber conversado. Sólo después de haber sostenido una plática uno es capaz de decir: tratamos sobre este tema o sobre esto y estos otros aspectos. A menos que la conversación esté programada sobre algo específico. E incluso, en esas conversaciones planificadas, vamos más allá del tema propuesto, por lo que dejamos la síntesis y la abstracción sobre el tema para el final, para el momento en el que ya ésta se haya efectuado.

En las conversaciones espontáneas, sostener un tema predeterminado puede ser ejercicio de estructuración intelectual o simple demostración de rigidez mental. La conversación es un fluido que va tomando cuerpo según se vaya regando, que va recorriendo camino en la medida de su soltura. Aunque si se desperdiga demasiado, cosa que sucede muy a menudo, se evapora totalmente, perdiéndose también su efecto. Aunque no todo.

Por eso no me iré por esa vía del reguero. Voy a retomar el curso principal de la conversación. La adivinación de lo que piensas decir o pensaste decir.

Si observaste con cuidado, seguramente te diste cuenta de la dificultad de predecir lo que otra persona va decir. Más aún si nos centramos en nuestros propios pensamientos. Pero con demasiada frecuencia creemos saber lo que la otra persona expresará o, incluso, lo que ya dijo, tan sólo apoyándonos en nuestras propias elucubraciones. A veces, creemos que no necesitamos ni escuchar al otro para saber cómo es y qué va a exponer.

Los resultados de ese saber omnipotente generalmente son las incomprensiones, los desencuentros, las enemistades y la pérdida de una oportunidad de acercamiento a lo que otra persona piensa, siente o percibe.

Si nos anclamos en nuestros propios juicios y de paso los acreditamos como pensamientos de otro, pues estaremos totalmente extraviados en ese extenso campo de la comunicación interpersonal. Ni siquiera nos acercaremos a nuestra propia forma de concebir el mundo.

La adivinación del pensamiento, un ejercicio bastante frecuente, comienza con la suposición de los pensamientos del otro. Yo supuse que tú querías decir… De allí en adelante todo es el plano guía del infierno. Hecho para que usted sepa que está exactamente aquí. En el infierno.

Pero preguntarle al otro, pensamos en ocasiones, que es como impertinente. Parece que con ello dijéramos que no sabemos cómo piensa el otro. Pues claro. Debemos partir de allí. El otro tiene mil caminos a seguir. Tan sólo sus indicaciones precisas nos van a decir hacia dónde se dirige.

No son siempre las palabras las que indicarán ese rumbo. Sino los gestos. Las inflexiones de su voz. Los pequeños detalles, lo que se dice entre líneas. Pero el fruto de esa observación es una hipótesis que tenemos que poner a prueba. Debemos comprobar que esa observación activa nos dice algo relevante. Y esa comprobación no es tan sencilla como preguntarle ¿qué fue lo que quisiste decirme? Pero hay que comenzar por lo más inmediato, por esa simple pregunta.

Te propongo que en la próxima conversación que tengas con alguien le hagas preguntas para sondear si lo que comprendiste de lo que dijo es realmente lo que quiso decir. Ten en cuenta que las palabras tienen muchos sentidos y a veces engañan. Haz preguntas sin temor. Lo peor que te puede pasar es que no las conteste. O darte una buena dosis de silencio.

Ten en cuenta que mientras tratas de adivinar lo que te dijo, ya esa persona irá lejos en sus pensamientos reales. Y así disminuyes tus posibilidades de darle alcance y comunicarte efectivamente.

lunes, 21 de abril de 2008

Aforismos Aforados


José Gregorio Bello Porras

Sin la pretensión de ser síntesis de sabiduría, estos aforismos tratan de formular ideas complejas en palabras simples con el juego que siempre supone el uso del lenguaje. Son propuestas para tu vida, en este caso sobre la comunicación, tómalos si te sirven.

  • Si te enganchas fácilmente en discusiones, revisa si vas con vestidura de garfios.
  • Si un muro te impide la comunicación con los demás derríbalo pronto, pero con cuidado, no le caigan los pedazos a alguien.
  • La verdadera comunicación es más una sintonía que un concierto de hermosas palabras. Es más la melodía que la letra de la canción.
  • Hablar puede ser un acto curativo o una agresión mortal. Tú marcas la diferencia con sutiles palabras.
  • Para qué sobreabundar en palabras que ahogan el entendimiento si sólo basta una mirada sincera.
  • Los silencios son enigmáticas respuestas. Expresan todo y callan todo a la vez. Admiten y niegan. Te dejan el trabajo de pensar y equivocarte.
  • Si formulas peticiones imprecisas, obtendrás resultados imprevistos.
  • Estar en soledad es sentirse acompañado de vacíos. Deja al menos que esos espacios te digan algo.
  • Todo pensamiento cuando se convierte en frase apenas alcanza a rozar la superficie de la realidad. Toma el riesgo que ese roce sea sentido.
  • La fuerza de tus palabras puede lograr grandes éxitos o romper relaciones. Tú eres el dueño y administrador de esa posibilidad.
  • Escucha las opiniones ajenas con respeto, pero tenlas siempre como apreciaciones que pertenecen a otros.
  • La discreción, a menudo, se considera una virtud escandalosa.
  • La palabra es una flor o una planta de uso delicado. Puede ser medicina o veneno, dependiendo de las dosis en que las administres.

Del libro Instantes de Claridad. Publicado por Lulu.com, 2007.

lunes, 14 de abril de 2008

Realización Personal: un arte

La realización personal escoge senderos diversos para llegar a un solo fin. Sólo quien se ha convertido en persona puede saber su logro. Y callarlo. Porque sólo a él le sirve. Es una forma de servicio a la humanidad.

Tratar de enseñar realización personal es como enseñar a respirar. Lo más que puedes decir es: ¡hazlo! Hazlo conscientemente.

En esta encrucijada de caminos, la idea es clarificar la penumbra o las densas tinieblas de un camino que emprendemos con los ojos cerrados. Compartir experiencias para encontrar otras nuevas en nuestro deambular. Rectificar y construir. Descubrir la realización personal es el pretexto de estos textos. Porque sólo cada quien sabe en qué lugar del camino está.

La realización personal es un arte que sólo dominarás con la práctica. Es RealizArte

Cómo Hacerse entender en la Torre de Babel



La imagen, la metáfora de la torre de Babel, cobra un especial sentido cuando revisamos el proceso de la comunicación en nuestro mundo actual.

En apariencia las tecnologías de la comunicación crecen, se expanden y parecen que llegarán a tocar el cielo. Algo así como ponernos en contacto a todos en todo momento.

Pero entrar en este contacto permanente no nos asegura una mejor comunicación, desde el punto de vista de su humanización. Por el contrario, parece que entramos en el proceso destructivo de la torre comunicacional. Los procesos de interconexión nos aíslan más. El verdadero contacto se pierde en un espacio virtual infinito, abierto entre una y otra persona.

La verdadera comunicación humanizada que significa, el contacto, el compartir, se convierten en retos constructivos para quienes queremos sobrevivir a la incomunicación.

Por ello nos valemos de algunos recursos como este de la PNL que nos aporta valiosos elementos para profundizar en la comprensión del proceso pero también en el contacto humano, en la calidez del encuentro más allá de las palabras.

En la torre de Babel, donde existen tantas lenguas, solo el lenguaje de la mirada, de la comprensión, de la intuición y el contacto interior nos permitirán mejorar nuestra comunicación.

Si la Comunicación es la habilidad de trasmitir mensajes tanto internos como externos, la posibilidad constructiva se encuentra en nuestro mundo interior.

Cada momento ha de ser una oportunidad de aprender a utilizar nuestros sentidos en función de trasmitir una idea, un sentimiento, una vivencia.

Todos producimos dos formas de comunicación que configuran nuestras experiencias vitales. En primer lugar, desarrollamos una comunicación interna, constituida por las cosas que nos representamos, decimos y sentimos en nuestro fuero interno.

En segundo lugar, experimentamos la comunicación externa. Con el mundo exterior nos comunicamos no solo por medio de palabras, sino a través del extraordinariamente rico lenguaje no verbal.

Dominar ambos tipos de comunicación es la manera de hacerse entender hoy en la Torre de Babel de nuestra sociedad. Quien posea esa posibilidad tendrá un enorme poder. Un poder que se traduce en dominio de sí mismo y del medio que nos rodea. Un poder distinto al de la posesión material.

El poder de la comunicación es dominio interior, en primer lugar, un dominio que nos permite disfrutar de un alto grado de felicidad, alegría y amor en nuestro fuero interno

El dominio de nuestra comunicación externa determina el grado de éxito con los demás.

Este éxito no es posesión sobre los otros sino capacidad de servicio. Si somos capaces de ayudar al cambio de una persona, un cambio deseado por ella, un cambio en libertad, eso nos aportará un sentido de plenitud, de logro personal y de verdadera valía. La comunicación eficaz con los demás nos retroalimenta.

Esa eficacia nos la da la integración entre la comunicación interior y la exterior. Ambas se interrelacionan y se nutren mutuamente. Es importante, para recalcar la eficacia en la comunicación recordar lo que un autor llamó la regla de oro de la comunicación y que, en cierta forma, resume todo lo dicho anteriormente.

Para ser un comunicador excelente, se necesitan tres condiciones.

Un objetivo claro: Un conocimiento claro de lo que desean lograr.

Flexibilidad en la conducta: capacidad de poder variar la conducta comunicacional en cualquier momento en que sea necesario cambiar y reinventarse para poder llegar a quienes queremos llegar.

Experiencia Sensorial: como forma de darse cuenta de las respuestas que estamos obteniendo con nuestra comunicación o si se han logrado las que se deseaban.

La sencillez es primordial para comprender y hacer comprender los aspectos más complejos de la vida. La PNL posee esa sencillez, el despojamiento necesario y la capacidad de adaptación para darnos lo que necesitamos: una comunicación poderosa.

Capítulo del Libro de José Gregorio Bello Porras: Comunicación Poderosa con PNL, Panapo, Caracas, 2008.