martes, 25 de enero de 2011

La palabra incansable



Podría ser también inalcanzable, porque en su rápido curso vuela, se desliza, se adelanta a nosotros. Cuando creemos dominarla nos sorprende con un giro inesperado, con una melodía que nos despierta a una sensorialidad más lejana que la audición. Cuando la creemos sojuzgada va delante de nosotros y nos abre puertas al asombro. Sólo si queremos pasar, si nuestro orgullo de dueños, virtuosos o expertos en su conocimiento no nos detiene.

La palabra no se agota de decirnos tanto que, casi nunca, podemos retenerlo todo. Se multiplica en miles que repetidas forman castillos efímeros de elevada belleza o construcciones cimentadas para la posteridad.

La palabra sabe que su destino es pasar. Silenciosamente, hace el ruido suficiente como para despertarnos de la muerte en vida. Nos ofrece el mundo y, cuando creemos que no cumplirá, nos entrega un universo en el cual podemos perdernos a nuestro antojo, entre espejos y laberintos, para develar lo más profundo de su significado recóndito e infinito.

La palabra nos domina. Incluso cuando creemos estar en la perfecta quietud del imposible silencio, surge espontánea resonando en nuestro ser, pidiendo la gracia de su liberación que será la nuestra, realmente. La palabra ata pero también nos suelta, cuando la desliamos a ella.

Acaso esto es la pasión de un escritor. Pero tengo la sospecha que es la de todo ser humano, que calladamente practica su diálogo interior tratando de domeñar en su discurso a esa incansable palabra que suele, muy a menudo, traicionarlo en los oídos ajenos.

martes, 18 de enero de 2011

Escribir, la soledad de un ejercicio



Escribir es ejercer el arte de la cuerda floja. Un equilibrio inestable. Una propensión a la inminente caída. Un balanceo. Un desequilibrio calculado para no precipitarse al vacío o a la palabra vacía.

Equilibrio y desequilibrio se juntan en un solo acto, tal vez creativo, tal vez de supervivencia a la agonía interior, a la ansiedad de vivir.

Escribir es una emoción que se convierte en sentimiento en el transcurso de manchar hojas y hojas de tinta o virtualidad. No puede uno desprenderse de ese solitario vicio que sólo se torna productivo en el vientre mental o anímico del lector.

Aunque el lector es, en principio, uno mismo, escindido ya en su papel dual, en su perfecto hermafroditismo de pensamiento y la emocionalidad. En la lucha entre el intelecto y la intuición, entre lo profundo y oscuro del ser humano que hala y absorbe hacia la tiniebla y su afán ordenador, muchas veces inclinado a la búsqueda de claridades pero irremediablemente propenso a las brumas de la existencia.

Escribir es un acto solitario para alejarse, a veces infructuosamente, de la soledad misma. Acto de soledad compartida en lejanos ojos y entendimientos.





sábado, 15 de enero de 2011

Escritura, un experimento



Escribir es un constante experimento y un riesgo. Estallan las palabras mal puestas o sencillamente no funcionan. Reunir cada vocablo con otros tiene algo de los furtivos secretos de la ciencia y el arte. Ninguna de las dos formas de encarar la realidad ha podido prescindir del aura misteriosa de quien las poseía en el remoto pasado, el sabio iluminado por la trascendencia.

Aunque han querido ser inspiraciones explicables, por más que la reflexión nos acerque a un método de escritura, tan solo revela un estado al que se debe acceder. Nunca se trata de un manual de instrucciones sino apenas el consejo de alguien que vivió la experiencia. Ello no es intransmisible. Pero el hablar sobre la escritura como proceso creativo pareciera estar más cercano al hecho de que la palabra produce, como estimulante, una gnosis que al de ser una difusión informativa.

Escribir es un acto de personal encuentro consigo mismo. De explicarse el mundo, la vida, en todas las ideas, sensaciones y percepciones que la pueblan. Esa vivencia puede llegar a otro y alinearse con sus propias formas de reconocimiento de la existencia. Allí se produce el milagro, la maravilla de la identificación con el texto. De la resurrección de la palabra en el papel o en el medio virtual.

La escritura siempre será un experimento al borde de todo éxito. Pues para alguien ha servido, aunque sea para el solitario escritor en su intento de vivir a través de la palabra.