lunes, 4 de agosto de 2008

PERDÓN Y LIBERACIÓN


José Gregorio Bello Porras

La manera que poseo de librarme del peso emocional de la ruptura es el perdón. Para perdonar a otros me perdono yo mismo. Ese es uno de los secretos de la conversión de las separaciones en momentos de felicidad.

Generalmente cuando se rompe con algo, bien sea con una persona, con una actitud, con un trabajo, con un modo de ser en la vida, con una idea, se está expresando que algo no funcionó. La culpa se gesta en esa situación. Culpas propias o culpas que se atribuyen a los demás.

La culpa propia es una carga que nos impide progresar. Cuando me culpo (porque sólo yo tengo esa posibilidad) me estaciono en un hecho o en un sentimiento, sin ver las otras posibilidades positivas en mi vida. Cuando culpo a los demás, me mantengo también en un sentimiento de aflicción, de rabia, de dolor. Sostengo el conflicto dentro de mí, independientemente de lo que suceda con los demás.

La culpa, la rabia, la tristeza o la aflicción se juntan en las situaciones de separación o ruptura, si así se lo permitimos. Podemos darnos cuenta que suceden en nosotros por la naturaleza del hecho de la ruptura, pero igualmente debemos establecer el límite a esos sentimientos y emociones.

El recurso del perdón es el más inmediato aliado de la felicidad. Me perdono yo mismo, porque es la única forma de perdonar a todos los demás. Dejo ir todo sentimiento negativo, toda emoción destructiva. Cancelo todo estancamiento para ponerme en marcha hacia el crecimiento.



Cuando me perdono posibilito el acto de perdonar a toda otra persona que creo me ha hecho algún mal o me ha producido algún dolor. En las rupturas sentimos estas emociones, estas cargas, estas culpas que abandonamos con el perdón. No importa lo que la otra persona haga o sienta. Pongo la responsabilidad del perdón en mí mismo. Y dejo que la otra persona siga su rumbo evolutivo.

Perdonamos con un acto de decisión. Decido conscientemente perdonar. Nadie me obliga. Sólo quiero perdonarme para seguir mi evolución sin pesos, trabas y demoras.
Perdonamos estableciendo una actitud. Quiero pensar, sentir y actuar de acuerdo a lo que decido. Para ello, le corto toda energía a los sentimientos opresivos. Y doy fuerza a mi propia construcción.

El perdón abandona la posibilidad de quedarnos anclados en un momento pasado. El perdón actualiza el presente. Quiero que este presente sea productivo. Por ello dejo ir toda emoción negativa, alejo todo acto pasado que no me haga progresar. Me centro en la inmensa posibilidad que me otorga este momento para vivir y ser feliz.

Perdonamos con un acto de amor. Quiero perdonarme porque sé que merezco la felicidad y la tranquilidad que me da el sentirme aliviado de toda culpa. Porque asumo la responsabilidad en mi vida. Me perdono porque deseo expresarme el afecto del que soy meritorio.

Expreso este perdón en mi vida. Viviendo con amor ahora. Siendo responsable de mis decisiones. De separarme o de continuar. De establecer vínculos o ejecutar rupturas. Soy libre en este sentimiento que me envuelve, en esta actitud que guía mi vida.



Del Libro: Rupturas Felices, Panapo, Caracas, 1997

1 comentario:

mercedes franco dijo...

Excelnte blog, un espacio para la reflexión es algo inusual y bienvenido en esta ciudad de Caos-racas. Los pensamientos relativos al perdón son en verdad orientadores, serenos y bien dirigidos a recomponer un poco el alma marchita de todos os que pasamos por esas "rupturas felices" que a veces son devastadoras, sobre todo cuando alguien siente que dio mucho y recibió muy poco. Felicito al filósofo y hago votos porque este bello espacio persista ayudándonos.