martes, 21 de octubre de 2008

Día 39



Entramos al espacio de los treinta días. Treinta y nueve días hacen vivir la etapa de los treinta (años) con sus crisis existenciales. Sólo que en esta ocasión no son simplemente elucubraciones sobre el porvenir del hombre, sino la búsqueda de respuestas esenciales y finalmente resoluciones concretas, de la más alta materialidad. Con cabillas, cemento, granzón, acero y cal, entre otros elementos esenciales. Tal como postulaban algunos filósofos griegos presocráticos, en la más libre interpretación de sus principio.

Pero para llegar a la materialidad he debido pasar por la idea. De lo contrario la piedra no toma forma y permanece en la ignorancia de su potencialidad de piedra, de sus posibilidades de estatua, de casa, de lápida. De ser humano petrificado por la ansiedad.

Así que si pienso, es para llegar a lo material y devolverme con experiencia hacia lo mental, regresando a rectificar en la materia, una y otra vez lo que aún me falta para comprender, ser y hacer.

Pasemos de tercio bruscamente.

Hoy ha sido un día de rutinas irresolutas. La oficina, el despacho de correspondencia, la firma de órdenes de servicio, la revisión de la ejecución del plan de adiestramiento y sus posteriores procesos administrativos, la planificación de la evaluación de desempeño, la programación posible en SQL de la automatización de esa evaluación, las notas para el desarrollo lógico de esa programación en una base de datos. El calor de la tarde. La ida del aire acondicionado junto a la electricidad a darse un paseo. El hastío. La computadora con un virus resistente en la mañana y después con una oscuridad total por la falla eléctrica de la tarde. Una larga enumeración caótica de pequeñas acciones llamadas a la intrascendencia casi inmediata.

Es la rutina laboral que me sumerge en la laguna negra para transformarme en el monstruo de ese lago, un ser perdido en el tiempo por espacio de unas cuantas horas. O un ser que ha perdido el tiempo por unas cuantas horas en las que le pagan por desperdiciar su vida.

Allí, en los intersticios de esa condena, el pensamiento libre empieza a fantasear sobre alguna solución. Sólo fantasías produce mi cerebro sobrecalentado, al que enfría mi sudorosa cabeza. La fantasía no resuelve. Sólo adormece, calma la ansiedad, narcotiza la creatividad. Pero sin ella, no se produciría una línea de ficción o una palabra de poesía, ni siquiera una letra de un tratado de ontología. Acepto mi fantasía como calmante.

En el descanso de la fantasía encuentro un pequeño relax. Y los hilos de Ariadna, que me conducen hacia diversos puntos creativos. Al menos eso imagino. Y no que voy a caer irremediablemente en la telaraña que envía mensajes desesperados a la destructora de posibilidades.

Extraña tarde de cargadas nubes raras.


1 comentario:

Escritora y artista visual dijo...

Mis saludos José Gregorio.
Gracias por tu día 39. Pienso que se va en retroceso de los ciclos y eso es bueno, como hacia el útero cósmico para volver como el ave fénix, porque el hombre es parte de él. Según dicen también, que la crisis más fuerte del ser humano es la de los 40, bueno así dicen los médicos a los seres humanos del sexo masculino; dicen además, que las mujeres en saliendo de los cuarenta...; pero es por la entrada y salida de los 40. De los 50 s e llega a los 40 y por los 40 se llega a 30. Sobre la fantasía también escuché algo, y no me creas, porque son cosas de médicos, bien, que la fantasía es buena porque se tiene una carencia y ella lo sustituye, siempre y cuando se este en cuenta que es fantasía. Siento que el ser debe ser imaginativo, creativo, regenerativo, aunque se caigan las paredes de cualquier sitio, su mente debe reflejar el lugar donde desea estar, en tranquilidad, en paz, y ya estar allí es estar dentro de uno mismo en el equilibro de todas sus fibras. La lucha no termina, todos los días desean como exprimirnos de tantos hechos seguidos, y no es sólo uno es colectivo, más los detalles, esos del día a día que también entran para sacarnos de un centro. Bien, espero realmente que no caigas en la telaraña ni tuya y ni de nadie, eso es muy de esencia, ya que es de pensamiento propio, y desechando esa luz que no debe pasar por nuestro lado sin verla por el bendito pesimismo. Bien José, vaya trabalenguas el mío mensaje, creo que va muy hacia lo conductista; bien no es para menos voy al dentista, pero no deseaba perderme este volverte un lozano día de 39 intervalos donde todo es posible después de pasar por los 50, así, que la alegría pronto entra, y la lluvia es dicha para la tierra.

Un gran abrazo
Siempre
MIlagro